El nuevo PRI de México

Por Víctor Horacio Mena Graveley

El pasado 1 de Julio, el Partido Revolucionario Institucional ganó las elecciones Presidenciales de México, después de dos largos sexenios fuera del Palacio de los Pinos.

Las causas del triunfo  son múltiples. El desplome en las intenciones del voto del Partido Acción Nacional consecuencia de dos gestiones gubernamentales que la mayoría de los mexicanos consideran desastrosa. La candidata del Partido Acción Nacional, Josefina Vásquez Mota, quedó en un lejano tercer lugar con apenas un 25.40 por ciento de los votos emitidos.

López Obrador, el candidato de la izquierda populista del Partido dela RevoluciónDemocrática(PRD), que en las elecciones mexicanas del 2006 perdió por un punto ante el actual Presidente de México, Felipe Calderón, en esta oportunidad pierde  por seis puntos porcentuales, quedando en segundo lugar ante Peña Nieto en razón a su personalidad conflictiva, autoritaria, y sus errores de campaña que se traducen en la incapacidad de sus asesores de construir un discurso capaz de neutralizar la imagen que se  creó de él de peligro para México por los medios de comunicación. La dificultad de unir esfuerzos para agenciarse el apoyo de conservadores como hizo, en su oportunidad, Lula Da Silva en Brasil también incidió.

El otro factor, quizás el más determinante, fue la asunción de una nueva generación de dirigentes que tomaron el control del Partido Revolucionario Independiente (PRI) y que prometieron romper con la añeja dirigencia representada por los denominados dinosaurios, aquellos dirigentes viejos que auspiciaron y promovieron desde el poder  malas prácticas en los  últimos veinte de los setenta años de gobierno del PRI.

Es importante recordar los célebres casos de corrupción y violaciones a los derechos humanos atribuidos a Negro Durazo, en el gobierno de López Portillo, y los asesinatos de Ruiz Massieu y del candidato a la presidencia del PRI, Luís Donaldo Colosio en el desprestigiado gobierno de Carlos Salinas de Gortari.La practica más recurrente de autoritarismo de una parte de esos 70 años de gobierno del PRI, era que el Presidente de turno elegía su sucesor mediante dedazo.

México tiene que tomar en serio las palabras de Peña Nieto cuando en el Congreso XXX del Consejo Político Nacional del PRI afirmó lo siguiente:

“El PRI no puede actuar inspirado en la nostalgia del ayer. En el México que queremos no tendrán cabida la corrupción ni el encubrimiento y mucho menos la impunidad”

El tiempo dirá si esas palabras son sinceras, y si de verdad habrá una ruptura definitiva y categórica del PRI con su pasado oscuro de corrupción y autoritarismo.

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