Canibalismo Político

Por  Víctor Mena Graveley

Está muy de moda el canibalismo político, un concepto que se ha popularizado en los Estados Unidos con las críticas irracionales del Partido Republicano a la gestión presidencial de Barack Obama, y que consiste en que todo lo que hace el adversario político no sirve, sin identificar las cosas positivas.

Nuestro país conoce muy bien esa conducta primitiva del quehacer de la vida pública.

No reconocer lo que hace el contrario, y criticar sin ninguna razón hasta la perversidad de querer debilitar las instituciones y hacer imposible la gobernabilidad pone en peligro los fundamentos de la democracia.

Un ejemplo de lo que decimos, son las críticas que vienen haciendo un sector político a los poderes constituidos, hasta el punto de manifestar públicamente la insubordinación y desacato  a las decisiones del TSE, y de reclamar en las calles con violencia lo que no pueden hacer a través del derecho.

Otro aspecto ejemplificador, en el pasado, es la satanización del pacto de las corbatas azules que hizo posible la reforma más avanzada dela  Constitucióndominicana, y que creó las bases para construir un Estado, Social, Democrático y de Derecho, la ampliación de la representación del gobierno del Poder Judicial, la creación del Tribunal Superior Electoral, el Tribunal Constitucional y la reinstauración del principio de no reelección presidencial, valor enarbolado por el líder histórico del PRD, José Francisco Peña Gómez. Como es sabido, la reforma del año 2003, fue una vergüenza, pues se hizo sin consenso y para beneficiar al gobierno de turno.

La facción política, que está detrás de todas esas críticas sin fundamento, se atreve a plantear la existencia de un fraude que no han demostrado mediante pruebas ante el Tribunal Superior Electoral, lo que evidencia un discurso mediático de presión con fines escondidos y que poco a poco se va desvelando: tomar el control del PRD para  negociar posiciones con el gobierno.

Plantear movimientos aventureros y pretendidas insurrecciones contra una imagen falsa de dictadura constitucional es propia de un pasado felizmente superado, y que sólo lleva a una despiadada y retorcida concepción anarquista de la lucha política.

Las sociedades deben dirigirse hacia el consenso para buscar soluciones a problemas complejos, globales, generales, y no concebir la vida pública como una guerra sin cuartel donde lo único  que se logra es destruir, no construir.

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