Juguetes sexuales y tecnología: ¿por qué se parecen a la fiebre por el iPhone?

Fue en el lejano año de 1908 cuando en Estados Unidos comenzaron a verse las primeras inserciones publicitarias alabando las propiedades de una útil herramienta para la dueña de casa: “Gentil, relajante, vigorizante y refrescante. Inventado por una mujer que conoce las necesidades de la mujer. Completamente natural, vibra de vida”. 5 dólares costaba el aparatito promocionado en la National Home Journal.

10 años después se podía ver un catálogo de la tienda de artículos electrónicos donde, entre medio de ventiladores, aspiradoras y procesadores de alimentos, se distinguía un vibrador portátil publicitado como “la ayuda que cada mujer aprecia”.

Un siglo después se ha masificado el uso de estos aparatos, tal como revela una investigación realizada por la Universidad de Indiana publicado recientemente, que indica que al menos la mitad de los estadounidenses han usado o son usuarios comunes de juguetes sexuales.

ERA DORADA DEL sexo

Un extenso artículo de la revista The Atlantic se plantea la posibilidad de que el país del norte esté viviendo una suerte de era dorada de la sexualidad. La afirmación se hace, en parte, considerando  las cifras millonarias de crecimiento que ha mostrado la industria de artículos sexuales, que alcanza 1,3 mil millones de dólares al año. Esto, acompañada de una mirada positiva por parte del público en general. Y no sólo el público femenino.

El mismo estudio de la Universidad de Indiana dice que entre los hombres hay una actitud sumamente positiva hacia el uso de dildos y vibradores. Según informa la revista Live Science, entre los 1.047 varones entrevistados, el 90 por ciento valoró positivamente estos objetos, a través de afirmaciones como que “facilitan que una mujer tenga un orgasmo” o que “son una parte saludable de la vida sexual de la mujer”.

MAC ES LA INSPIRACIÓN, NO el porno

El reportaje de The Atlantic se centra en la figura de Ethan Imboden, un ingeniero eléctrico de la Universidad de John Hopkins que se cansó de diseñar “basura” -como teléfonos celulares y cepillos de dientes- para poner su propia compañía. Se trata de  Jimmmyjane, que tiene su sede en la ciudad de San Francisco.

Se trata de una de las tantas empresas de fabricación de dildos, cuyos artículos parecen más adecuados para una feria de diseño contemporáneo que para un loco evento de sexo.

Icónico es el caso de OhMiBod, una línea de vibradores diseñada por una ex trabajadora del departamento de marketing de la marca de la manzanita y cuyo sello característico es que todas poseen una interfaz para conectarse con iPods, iPads, iPhones y otros tantos productos que mezclan tecnología y diseño.

Algo parecido es el catálogo que exhiben tiendas como JapiJane, donde la experiencia de ir a comprar es más parecida a la de ir por el último gadget para el goce informático que a una turbia tienda llena de penes de goma, látigos y prendas de látex. Así mismo es descrita la nueva generación de consumidores de dildos y juguetes sexuales en Estados Unidos: se trata de los mismos tipos que hacen fila por el último producto de Apple, antes que para entrar a una función rotativa de cine porno.

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